Tus primeros treinta minutos
La configuración es una conversación, no un formulario. El asistente pregunta de una en una, y tu espacio se va llenando: primero los objetivos, luego el modelo de negocio, luego roles, proyectos, procesos e integraciones. Media hora es lo habitual; un negocio enrevesado se irá a cuarenta minutos.
No conviene correr. Todo lo que hagan los agentes después se apoya en lo que digas aquí.
Entrar
Puedes continuar con Google o con tu correo. Por correo no hay contraseña: recibes un enlace, lo abres y estás dentro. El enlace es de un solo uso y dura poco; si vuelves a él una hora más tarde, pide uno nuevo.
BossForce está en beta cerrada, así que también te pedirán un código de invitación. Cada código tiene plazas limitadas; si el tuyo está lleno, usa otro o deja tu correo y te avisaremos cuando se liberen plazas.
Qué te van a preguntar
La conversación recorre unos pasos fijos, y cada uno deja algo real en el espacio antes de que empiece el siguiente.
Quién eres y a qué te dedicas. Nombre, ocupación, cómo prefieres que te traten. Es corto.
Cómo va todo hoy y qué duele. La materia prima de lo demás. Responde concreto y no maquilles el desorden: «no tengo ni idea de dónde se me va el dinero» es más útil que una respuesta ordenada.
Tus objetivos raíz. De uno a tres, no más. Espera que te lleven la contraria: casi todo el mundo nombra un instrumento («llevar mi Instagram», «contratar a un marketero») en lugar de un resultado. El asistente preguntará para qué, a veces dos veces, hasta dar con el objetivo real, y dejará el instrumento como medio para llegar a él.
Tu modelo de negocio. Cómo el empeño gana dinero o crea valor, y qué caminos quedan descartados.
El árbol de objetivos. Los impulsores bajo cada raíz — el puñado de números que de verdad la mueven — con metas y forma de medirlos.
Los roles. Qué agentes pide tu árbol, de qué responde cada uno y dónde están las líneas rojas. Aquí también dices qué estás dispuesto a soltar y qué no.
El plan de trabajo. De dos a cinco frentes, convertidos en proyectos (resultados puntuales) y playbooks (procesos que se repiten).
Integraciones. Qué servicios externos necesitan esos procesos. El asistente lee el catálogo de herramientas y ofrece lo que realmente está disponible — ver conectar herramientas.
Al final tienes un resumen breve, un punto de control guardado de toda la configuración y la propuesta de lanzar el primer heartbeat.
Cómo responder bien
Responde en el idioma que te salga — el asistente te sigue, y la interfaz existe en seis idiomas.
Di lo incómodo. Restricciones, manías, el cliente con el que no trabajas, el tono que no soportas: un agente que sabe eso entrega trabajo que no tendrás que reescribir. Un agente que no lo sabe entrega genérico, y lo genérico es aquí la forma principal de fracasar.
Si te preguntan algo en lo que nunca has pensado, dilo. El asistente te pondrá dos o tres opciones concretas en vez de dejarte a solas con la pregunta.
Si cambias de idea sobre algo de un paso anterior, dilo sin más. Nada queda sellado: el asistente actualiza la ficha y comprueba qué depende de ella más abajo.
Un espacio, un empeño
Si traes dos direcciones sin relación — hacer crecer la consultoría y de paso adelgazar —, van en espacios distintos. Objetivos, agentes y recuerdos son comunes dentro de un espacio, y mezclar dos vidas empeora cualquier recomendación. Cuántos espacios puedes tener a la vez depende del plan: créditos y planes.
Si tienes que parar a medias
Puedes, pero vuelve pronto. Mientras la configuración no termine, el espacio está a medio construir: hay algunos objetivos, quizá no los roles, y los agentes no tienen el cuadro completo del que trabajar. Si le dices al asistente que necesitas ponerte ya, montará un espacio mínimo viable y recuperará el resto más tarde — pero cuanto antes termines, menos genérico recibirás.